Ana Pérez representa a la tercera generación de mayoristas de frutas y verduras de Mercalaspalmas. Sus abuelos comenzaron en este mundillo cuando el Mercado de Vegueta seguía siendo la gran plaza de abastos de la Isla, pronto pasaron al Mercado Central y de ahí a Mercalaspalmas en 1981. Y aunque el negocio era familiar, su abuela Celeste era quien llevaba la iniciativa en un tiempo en el que el sector de la alimentación estaba muy masculinizado.
«Mi abuela fue la que animó a mi padre para que cogiera el puesto aquí», resalta Ana, «ella era la que conducía, la que vendía, la que negociaba... Mi abuelo la acompañaba, por eso la admiraba muchísimo». Ytras pasarse los veranos en el Merca, ahora ha tomado el testigo de su padre junto a sus dos hermanos al frente de Frutas Pérez Santana. En su caso, ella se centra en la venta.
Agricultores y distribuidores
Durante años Mercalaspalmas ha sido un lugar dominado por hombres, donde agricultores y distribuidores tenían la voz cantante. Hoy la presencia de la mujer ha ido creciendo. «A partir de los años 90 las mujeres han hecho un trabajo admirable», apunta Juan Armando Rodríguez, presidente de Asemerca, en un encuentro con nueve mujeres que trabajan en el recinto de Las Palmas de Gran Canaria.
La abuela de Ana fue «una pionera», recuerdan en la sala. Rosa Delia Sosa lleva en el Merca 35 años. Llegó cuando apenas tenía 19 años como administrativa y entraba en un sector de escasa presencia femenina. Sus padres vendían en mercadillos, de ahí que tuviera gusto por el sector.
Empezó cuando la contabilidad todavía se hacía a mano. «En aquella época, en la nave solo éramos dos mujeres», indica, «nos ha costado llegar a donde estamos, pero estamos». Yes que el trato con gente que viene del campo a veces se hacía complejo, «muchos tienen formas toscas, desconfiaban en aquella época que les llevaras las cuentas».
Un trabajo más de oficina
Conchi Marrero también es administrativa y lleva 28 años en el Merca. «La empresa era familiar, con mi suegro, empecé con la contabilidad y al poco ya hacía de todo». Como Rosa, las dos han visto como ha ido cambiando el lugar, el trato y la presencia de mujeres. Al final, cuenta, «hay que aprender a tenerlos un poquito en la palma de la mano». Ahora trabaja para una compañía que tiene su sede central en Mercatenerife, con un trabajo más de oficina.
De contabilidad también sabe Lorena Diepa. En su caso lleva en el Merca 16 años, en la asesoría de Alberto Padrón. «Venía de la sucursal de la calle Murga y al venir aquí esto era otro mundo», indica, pasó de un horario habitual de oficina a trabajar de 4:30 a 12:30 horas. Todo un cambio radical que ahora disfruta.
«Me dijeron de trabajar en una asesoría en Guía que está a dos minutos de mi casa y les dije que no porque me encanta este horario», resalta. En su día a día asesora a 19 empresas con sede en Mercalaspalmas con impuestos y subvenciones; «todo lo que sea facilidades para el cliente es lo que intentamos ayudar en nuestro trabajo».
«Ellas abrieron el camino para que yo llegara»
Jéssica Segura llegó al Merca para trabajar tres meses y lleva ya siete años. «Vine a cubrir una baja y mira», apunta. Hoy ha ascendido a gerente de Carnes Selectas, donde el 35% de una plantilla de 50 trabajadores son mujeres. «Ellas fueron las que abrieron el camino para que yo llegara», resaltó, refiriéndose a sus predecesoras.
«Mi jefe vio en mí algo y fue enseñándome; al principio el tema del horario era complicado, por eso de trabajar toda la noche», explica, «pero luego ves los beneficios». Tanto es así que hoy ha terminado ascendiendo a gerente de la empresa. «De la carne solo sabía que se comía», apunta con sorna; ahora es toda una experta.
De administración también sabe Rosa Rodríguez. En su caso, trabaja directamente para Asemerca, por lo que ve las empresas del recinto desde otra perspectiva. «Para mí era como si me hubieran metido en una lavadora y me hubieran traído 40 años atrás, tenía esa sensación». Así describe su entrada en Mercalaspalmas hace 20 años. «Era un mundo principalmente de hombres, con otros códigos», apunta.
Por otro lado, cuenta que al ser de la asociación se ha sentido «muy juzgada, esto es como si fuera una comunidad de vecinos». Con todo, como otras de las presentes en la reunión, alaba el horario, «tuvo opción de ir a otro trabajo, pero ahora no lo cambiaría». Y recalca que esta ha sido «la mejor escuela que he podido tener».
Cambios de hábitos
Omayra Felipe también lleva poquito tiempo en el Merca. «Trabajaba en una tienda de Spar y me dieron la oportunidad de venir al almacén a trabajar para lo que me había formado», explica.Ahora es auxiliar administrativo en la nave de la compañía, «he aprendido mucho en este tiempo con un equipo y el ambiente es espectacular, la verdad», resaltó.
Mari Carmen Jiménez también trabaja para Spar. En su caso es auxiliar de obrador y lleva 26 años en la empresa. Ella sí ha visto ese cambio gradual en el recinto, en el que cada vez hay más presencia femenina. Con todo, resalta que «siempre me ha gustado el compañerismo que hay». Hoy se dedica a empaquetar alimentos.
La presidenta de Spar también estuvo presente. Dunia Pérez lleva diez años en la compañía y resalta los logros que han implementado en este tiempo, «todo se ha ido automatizando». Incluso, han cambiado los horarios, «y mucha gente fue reticente al principio. Ha sido un camino un poquito tedioso, hemos avanzado, pero nos queda mucho por recorrer».
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