La campaña del kaki comienza con una oferta más reducida de lo inicialmente previsto. Los ajustes en la producción, los daños causados por el pedrisco o la incidencia de plagas provocarán que el contingente total descienda hasta los 270-280 millones de kilos durante el curso, según las previsiones del sector.
Para la Asociación Española del Kaki, esta merma en la producción puede suponer un mayor valor para la fruta, pero la clave para que las cotizaciones sean más elevadas está en la calidad, que determinará la cantidad de fruto que puede comercializarse y su categoría.
Uno de los eslabones más débiles es la fruta de segunda categoría, que presenta los mismos costes que un kaki de mayor calidad, mientras que el retorno económico sí puede variar, a la baja, de manera considerable. Por ello, evitar que la fruta dañada genere una presión extra en el mercado es fundamental.
Encarecimiento de costes
La campaña de kaki va a estar marcada no solo por la reducción de volúmenes, sino, también, por el encarecimiento de los costes de producción. El incremento del precio del gasóleo, la energía y la mano de obra está elevando los costes de las explotaciones, por lo que el precio debe estar en consonancia con este encarecimiento. Hay menos producto disponible y producirlo supone un mayor esfuerzo económico.
La clave, para la Asociación, pasa por coordinar la estrategia comercial. Con una oferta más limitada, el sector considera que existe margen para negociar mejores precios, pero los productores deben evitar la saturación del mercado en algunos momentos de la campaña.
Esa no precipitación por parte de los productores puede contribuir a garantizar la rentabilidad. En un contexto donde la menor oferta coincide con una mayor demanda, una correcta distribución mantendrá en un precio correcto el kaki durante toda la ventana de la producción.
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